En ocasiones comíamos en uno de los «restaurantes» del Mercado Modelo de Salvador de Bahía. Desde el primer momento llamó mi atención la iluminación, limitada únicamente al fuerte sol a través de las ventanas. Esto producía fuertes contraluces que animaban a pulsar el obturador entre bocado y bocado.

Dentro del bullicio me cautivó la belleza de una joven Baiana y especialmente la forma en que el sol jugaba con su piel. Esperé el momento en que colocaba la comida sobre una mesa y el que uno de los comensales no me quitara ojo logró obtener este contraste entre la dulzura de la Baiana y la mirada del chico.

ISO 200 y velocidad a 1/250 con diafragma en f:4.5. Aquí el resultado,

© Andrés Antón

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